Julio
En medio de una ciudad que muchas veces pasa de largo ante el dolor ajeno, Julio llegó a nuestro servicio como tantos otros: con el alma rota y el cuerpo desgastado tras más de veinte años durmiendo en las aceras de La Habana. Atrás habían quedado un matrimonio destruido, la pérdida de su hogar y un deterioro bastante notable de su salud. Veinte años son suficientes para apagar cualquier esperanza, pero no para borrar el propósito que Dios tenía reservado para él.
Subtitulo Julio
El rostro de Julio no era el mismo. Algo no andaba bien. Encogido en una esquina y con semblante casi irreconocible, Julio permanecía en silencio mientras el servicio continuaba.
— Va a morir. Hay que hacer algo, y pronto.
No tardamos en hacer todo lo que estaba a nuestro alcance en el proyecto para ayudarle. Pero no fue suficiente. No había rastro del Julio sonriente y agradecido que veíamos cada sábado en la iglesia. Una persona en su condición y sin familia no duraría mucho viviendo en la calle.
Analizamos su caso y la junta de igleisa determinó que era el tiempo correcto para su bautizo. Tres días después, Arian Ledo, líder del Ministerio Yireh, le ve.
— Caminaba en mi dirección, tambaleándose por los portales. Cuando fijó sus ojos en mí y reconoció a alguien en quien podía confiar su vida, se dejó caer. Estaba seguro de que acudiría en su ayuda.
Nos movilizamos como familia para ingresarlo en el Hospital Calixto García, donde hacían lo posible, pero la enfermedad avanzaba sin una explicación clara. Después de días ingresado y sin un diagnóstico de su estado crítico, se esperaba lo peor. Ante esta situación, los doctores decidieron que darle el alta era lo mejor y que viviera lo poco que le quedaba. Entonces, trajimos al Pr. Galvez para que lo ungiera y dejar todo en las manos de Dios, pero en un cambio de guión, el Pr. Galvez lo miró y le dijo: “Dios aún tiene algo grande para tu vida; no te vamos a ungir, sino que te vamos a bautizar”.


Fotos de Julio mientras estaba ingresado.
Dios cumplió una vez más su promesa y recibió en sus brazos a su hijo.
«porque éste, mi hijo, muerto era y ha revivido; se había perdido y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.»
Lucas 15:24
Julio descendió a las aguas del bautismo en la Iglesia Adventista del Cerro el 11 de diciembre del 2021, sellando un nuevo pacto con su Creador.


Ese día Julio le entregó todas sus cargas a Dios y descansó por primera vez en mucho tiempo. Dios disipó sus cargas y le dio paz. Ese mismo sábado, un hermano en la fe le brindó su hogar para que no durmiera más en la calle. Con el nuevo hogar vino el milagro de la sanidad; ya no quedaba rastro de muerte en su cuerpo. Todos los síntomas y malestares se fueron con su vida pasada. Los doctores nunca hallaron explicación para tal acontecimiento, pero nosotros sabíamos que la mano del Todopoderoso lo había tocado. Ya sano, logró conseguir un trabajo que le brindó la oportunidad de empezar desde cero.

— Dios me devolvió la vida cuando ya no me quedaba nada.
Si este ministerio existe, es por vidas como la de Julio: hombres y mujeres a quienes el mundo dio por perdidos, pero a quienes Dios decidió llamar por su nombre



